por curso
¿Cuánto tiempo debería dedicar mi hijo a los deberes? La respuesta corta y la incómoda
Hay una regla sencilla que usan la mayoría de los colegios del mundo. Y hay un dato, menos conocido, que debería cambiar la conversación entera sobre los deberes en Primaria.
En las tutorías es la pregunta número uno. Nunca falla. «¿Cuánto tiempo tendría que estar haciendo deberes?» Y detrás de esa pregunta hay siempre una de estas dos: mi hijo tarda muchísimo y no sé si es normal, o mi hijo lo hace en diez minutos y me parece muy poco.
Vamos primero con la respuesta corta, la que sirve para salir del paso esta noche.
La regla de los diez minutos
Diez minutos de deberes por cada curso escolar. Un niño de primero, diez minutos al día. Uno de tercero, treinta. Uno de sexto, una hora. Y ese total incluye todas las asignaturas juntas, no diez minutos de mates más veinte de lengua.
Es un techo, no un objetivo. Si tu hijo termina antes, ha terminado. No hay que rellenar el hueco.
Esa regla no me la he inventado. Viene de Harris Cooper, de la Universidad de Duke, que se pasó años revisando toda la investigación existente sobre deberes y acabó recomendando exactamente esto. Es la referencia que usan la mayoría de los colegios y asociaciones de padres desde hace décadas.
Ahora la parte incómoda.
Lo que la investigación dice y casi nadie repite en voz alta
El dato
En Primaria, la cantidad de deberes que hace un niño apenas guarda relación con lo que aprende. La relación aparece —y se vuelve fuerte— a partir de secundaria.
Del análisis de Cooper y sus colaboradores sobre décadas de estudios de deberes. La correlación entre tiempo dedicado y rendimiento es débil en los cursos pequeños, y sólida en los mayores. Y correlación, como recuerdan otros investigadores, tampoco significa causa: puede que los que hacen los deberes sean simplemente los que ya iban bien.
Léelo otra vez, porque cambia el marco. Si tu hijo de segundo pasa una hora y media haciendo deberes, no está aprendiendo más matemáticas que el que pasa veinte minutos. Está perdiendo una hora y diez de infancia.
Entonces, ¿por qué mandamos deberes en Primaria? Yo los mando, y los defiendo, pero por otros motivos:
Hábito de trabajo, autonomía, y una información que ningún examen me da. Esos son los tres motivos, y ninguno de los tres requiere una hora y media. Requieren constancia, que es exactamente lo contrario de un maratón el domingo.
Cómo repartir esos minutos en Primaria
Si me preguntas cómo sería una tarde ideal de un niño de tercero o cuarto, sería esta. Treinta o cuarenta minutos en total, partidos así:
Cálculo
Operaciones. Corto, diario y del nivel donde acierta casi todo. Es lo único que hay que automatizar.
Lo que haya mandado
El problema, el texto, la ficha. Lo que pide pensar y no se puede hacer en piloto automático.
Lectura
Lo que quiera. Cómic incluido. Si un día hay que quitar algo, esto es lo último que se quita.
Fíjate en que el cálculo son diez minutos. No treinta. Cuando la práctica de operaciones se alarga, deja de entrenar el cálculo y empieza a entrenar el aburrimiento. Diez minutos diarios de sumas, restas o divisiones, cuatro tardes por semana, es la dosis que yo veo funcionar en clase — y por eso las tareas de cálculo online que mando tienen ese tamaño exacto: se acaban antes de que el niño mire el reloj.
Semáforo: cómo saber si el tiempo de tu hijo es normal
Verde — tarda más o menos lo que dice la regla
Puede tardar quince minutos más un día y quince menos otro. No pasa nada. Lo que miras es la media de la semana, no la tarde del martes.
Ámbar — tarda el doble
Antes de pensar en dificultades de aprendizaje, mira el entorno: móvil encima de la mesa, hermano pequeño alrededor, televisión de fondo, o la tarea a las nueve de la noche después de entrenar. La mitad de los «tarda muchísimo» son «no ha empezado todavía».
Rojo — tarda el doble y hay lágrimas
Aquí ya no es un problema de tiempo. Un niño de nueve años que llora cada tarde con las mates te está diciendo que hay una laguna de hace dos cursos, o algo más. Habla con el tutor esta semana. No el trimestre que viene.
Qué hacer cuando hay demasiados deberes
Tienes más margen del que crees, y no consiste en pelearte con el colegio.
Primero: pon un límite de tiempo, no de ejercicios. Si tu hijo de tercero lleva cuarenta minutos, se acabó. Cierra el cuaderno, escribe una nota al profesor —«ha trabajado cuarenta minutos y ha llegado hasta el ejercicio 4»— y a cenar. Te lo digo como maestro: esa nota es información valiosísima y no me molesta en absoluto. Lo que me molesta es un cuaderno perfecto que ha hecho el padre a las once.
Segundo: si la nota se repite tres semanas, pide una tutoría. No para quejarte, sino para preguntar qué está pasando. Si a tu hijo le lleva el doble que a la media de la clase, o el profesor está mandando demasiado, o tu hijo tiene una dificultad que hay que mirar. Las dos cosas se arreglan hablando.
Y tercero: protege el tiempo de no hacer nada. Jugar en la calle, aburrirse, cenar con su familia y dormir lo suficiente le va a hacer más por sus matemáticas de sexto que la tercera hora de fichas.
La respuesta que doy en las tutorías
Cuando un padre me pregunta cuánto tiempo, yo le doy la vuelta a la pregunta. No importa tanto cuánto tiempo, sino si ese tiempo es diario, corto y del nivel adecuado. Un niño que hace diez minutos de cálculo cinco días por semana, en un nivel donde acierta el noventa por ciento, avanza más que uno que hace hora y media el domingo llorando sobre divisiones que no entiende.
Poco, todos los días, y donde acierte. Si te llevas una sola frase de este artículo, que sea esa.
Diez minutos de cálculo, y ya está
Tareas de operaciones que se corrigen solas, del tamaño exacto de una sesión diaria. O cuadernillos para imprimir, si prefieres el papel.