Evaluación inicial de matemáticas: qué mirar en septiembre


Evaluación inicial de matemáticas: cómo saber en septiembre qué se les ha olvidado en verano

Llevo más de veinte años entrando en clase la primera semana de septiembre, y hay una escena que se repite todos los cursos. Pones en la pizarra una división por dos cifras que en junio hacían con los ojos cerrados, y ves caras. No caras de «esto no lo he dado nunca», que esas se distinguen enseguida. Caras de «esto me suena, pero no sé por dónde se empieza».

Eso no es que hayan perdido el curso anterior. Es que dos meses sin tocar un lápiz oxidan cualquier automatismo. Y la diferencia entre las dos cosas —lo que no aprendieron y lo que se les ha dormido— es exactamente lo que tienes que averiguar en septiembre, porque se arreglan de maneras completamente distintas.

Te cuento cómo lo hago yo, qué miro en cada curso y, sobre todo, qué he dejado de hacer.

Lo primero: la evaluación inicial no es un examen

Durante bastantes años cometí el mismo error: montaba una prueba larga la primera semana, la corregía el fin de semana y sacaba una nota. Tenía la sensación de estar haciendo las cosas bien porque tenía un número por alumno.

El problema es que un número no te dice nada útil. Que un niño saque un 4 no te cuenta si falla al multiplicar, si multiplica bien pero se pierde en la resta de la división, o si sabe hacerlo todo y ha ido tan lento que no ha terminado. Son tres alumnos distintos que necesitan tres cosas distintas, y el 4 los mete a los tres en el mismo saco.

Además, empezar el curso con un examen le manda al niño un mensaje que no quieres mandarle en la primera semana, sobre todo al que ya llega con las matemáticas atragantadas. De eso hablé en cómo motivar a un alumno que odia las matemáticas, pero se resume rápido: el que ya se ha convencido de que no sirve, con un examen en septiembre solo confirma lo que cree.

Así que lo primero es cambiar el objetivo. No estás midiendo. Estás recogiendo información para decidir cómo empiezas el tema 1.

No evalúes todo: evalúa lo que necesitas la semana que viene

La tentación es repasar el curso entero. No lo hagas. Ni te da tiempo ni te sirve.

Lo que de verdad te interesa saber en septiembre es si tienen los prerrequisitos de lo que vas a dar en el primer trimestre. Si en octubre vas a entrar en división por dos cifras, lo que necesitas comprobar es si multiplican por una cifra con soltura y si restan con llevadas sin pensárselo. Lo demás puede esperar.

Esto reduce muchísimo el trabajo. En vez de una prueba de cuarenta ejercicios, te quedan diez o doce bien elegidos.

Lo que miro yo en cada curso

Esta no es una tabla oficial ni pretende serlo: es lo que a mí me ha servido para no llevarme sustos en noviembre. Cada centro y cada grupo es un mundo.

Empiezas Comprueba sobre todo
2º de Primaria Contar y comparar hasta 100, sumas y restas sin llevadas, y si entienden la decena o solo la recitan
3º de Primaria Sumas y restas con llevadas, y las primeras tablas. Aquí es donde se empieza a notar quién cuenta con los dedos por debajo de la mesa
4º de Primaria Tablas de multiplicar completas y multiplicación por una cifra. Sin esto, la división por dos cifras del primer trimestre se cae sola
5º de Primaria División por una cifra, numeración larga y las primeras fracciones
6º de Primaria División por dos cifras, decimales (sobre todo sumar y multiplicar con coma) y fracciones equivalentes
1º de ESO Operaciones combinadas con jerarquía y paréntesis, y factores primos, MCM y MCD

Si te va bien tener el material ya organizado por edades, tienes los ejercicios de matemáticas por curso agrupados justo con ese criterio.

Cómo lo paso: repartido, corto y sin dramatismo

Nada de dos horas seguidas. Yo lo reparto en tres o cuatro días, en ratos de diez o quince minutos, y lo presento como lo que es: «vamos a ver por dónde andamos para que yo sepa por dónde empezar».

El reparto que uso:

  • Día 1 — cálculo mental. Diez operaciones sencillas con tiempo. No busco la nota, busco ver quién responde y quién calcula.
  • Día 2 — operaciones escritas. Seis u ocho, de las que van a hacer falta en octubre.
  • Día 3 — un problema. Uno solo, de dos pasos, con números fáciles a propósito.
  • Día 4 — el hueco. Lo dejo libre para volver sobre lo que haya salido raro el día anterior.

Lo del día 3 merece explicación. Pongo números fáciles adrede porque no quiero medir si saben calcular —eso ya lo he visto el día 2—, quiero ver si entienden qué les están pidiendo. Cuando un problema falla con números fáciles, el fallo es de comprensión, no de cálculo. Es el diagnóstico más valioso de toda la semana y el que más veces se me pasó por alto cuando lo mezclaba todo en una prueba única. Si quieres afinar por ahí, en problemas de matemáticas online puedes elegir el tipo de problema en vez de que te toque el que venga.

Cómo leer los resultados: tres montones, no una lista de notas

Cuando termino, no ordeno la clase de mayor a menor. Hago tres montones, y este es el paso que de verdad cambia el curso:

1. Lo sabe, pero va lento

Acierta casi todo y tarda el triple que el resto. Suele ser el alumno que peor se diagnostica, porque en un examen con tiempo parece que no sabe, y en realidad sabe pero no lo tiene automatizado: reconstruye cada tabla desde cero cada vez que la necesita.

Esto no se arregla volviendo a explicar. Se arregla con práctica corta y frecuente. Cinco minutos diarios durante tres semanas hacen aquí más que dos sesiones largas de repaso.

2. Lo sabía y se ha oxidado

El clásico de septiembre. Falla, pero en cuanto le das una pista se le enciende la bombilla y termina solo. Este montón es el más grande y el que menos preocupa: con dos semanas de repaso vuelve a estar donde estaba en junio.

El error que cometí durante años fue tratar a este grupo como si no lo hubiera dado nunca, y volver a explicar el tema entero. Resultado: aburrimiento del que ya lo tenía y dos semanas perdidas.

3. No llegó a aprenderlo

Este es el que importa de verdad, y suele ser el más pequeño de los tres. No falla por óxido: falla porque hay un escalón anterior que no está puesto. El que no divide porque no multiplica. El que no multiplica porque no suma con llevadas.

Aquí no vale repasar el contenido del curso pasado: hay que bajar hasta encontrar el escalón que falta, aunque sea de dos cursos antes, y ponerlo. Es lento y es incómodo, pero es lo único que funciona.

Si sales de la evaluación inicial con una lista de notas, has hecho un examen. Si sales con tres grupos y sabes qué necesita cada uno, has hecho una evaluación inicial.

De los tres montones al plan de las primeras semanas

Con los tres grupos hechos, el plan casi se escribe solo:

  • Al grupo lento le pongo rutina diaria de cálculo mental, poca cantidad y mucha frecuencia.
  • Al grupo oxidado le doy dos semanas de práctica de repaso mientras avanzo con el temario, sin volver a explicar desde cero.
  • Al grupo del escalón le preparo material distinto del resto de la clase. Es el que más trabajo da y el que más lo agradece.

Aquí es donde una herramienta te quita horas de preparación. Yo uso Calcúlalo —lo hice yo precisamente porque me pasaba las tardes montando fichas distintas para tres grupos— y el flujo en septiembre es siempre el mismo: genero las operaciones que necesito para cada grupo, se las mando, se corrigen solas y el seguimiento por alumno me dice si el que iba lento está ganando velocidad o sigue igual, desglosado por tipo de operación.

Para el grupo del escalón, lo que más me sirve es el refuerzo automático: analiza los errores reales del niño y genera la tarea siguiente sobre eso, en vez de sobre lo que yo supongo que le pasa. En septiembre, cuando aún no conoces al grupo, esa diferencia se nota.

¿Vas a montar la evaluación inicial estos días?

Puedes generar las operaciones que necesites y descargarlas en PDF para imprimir, o pasarlas online con corrección automática si tienes ordenadores o tablets a mano.

Papel o pantalla en la primera semana

Una duda razonable: ¿la evaluación inicial en papel o en el ordenador?

Mi respuesta después de probar las dos: en la primera semana, papel. No por nostalgia, sino porque en septiembre todavía no has resuelto lo aburrido —contraseñas, accesos, quién tiene tablet y quién no— y no quieres que el primer contacto del curso con las matemáticas sea un lío técnico. Los cuadernillos de cálculo por bloques van bien justo para esto, porque ya vienen agrupados por contenido: coges el de restas con llevadas o el de multiplicaciones por una cifra y tienes la prueba montada.

A partir de la segunda o tercera semana, cuando ya sabes quién es quién, es cuando el online empieza a compensar de verdad: ahí es donde te ahorras la corrección y empiezas a acumular datos de evolución.

Cuatro cosas que he dejado de hacer

  • Poner nota. La evaluación inicial no califica. En cuanto pones un número, el niño deja de enseñarte lo que sabe y empieza a protegerse.
  • Comparar en voz alta. Ni «a ver quién ha terminado antes» ni leer resultados en clase. En septiembre se están colocando los papeles del grupo para todo el curso.
  • Llamar a las familias en caliente. Los resultados de septiembre están contaminados por el verano. Si llamas la segunda semana con cara de preocupación, asustas por algo que a lo mejor se resuelve solo en quince días. Espera a octubre y llama con datos de evolución, no de un día.
  • Guardarlo en un cajón. Este era el peor. Hacía la prueba, la corregía, y luego seguía el libro por la página 8 como si nada. Si no cambia lo que haces en octubre, no hacía falta pasarla.

En resumen

La evaluación inicial de matemáticas no va de medir cuánto se ha perdido en verano. Va de separar tres cosas que se parecen mucho por fuera: el que va lento, el que está oxidado y el que tiene un escalón sin poner. Con eso claro, las primeras semanas de curso dejan de ser un repaso genérico para toda la clase y se convierten en tres caminos distintos.

Y sí, da más trabajo la primera semana. Pero es el trabajo que te ahorra el «¿cómo puede ser que en noviembre sigan sin dividir?» que todos hemos dicho alguna vez.

Empieza el curso con el trabajo de preparación resuelto.

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