Para profesores · Fluidez de cálculo

Mi alumno sabe multiplicar pero tarda demasiado: qué hay que trabajar

Que sepa multiplicar y que multiplique rápido no son la misma habilidad, y confundirlas hace que trabajemos lo que no es. La lentitud casi nunca se arregla explicando otra vez la multiplicación. Se arregla en otro sitio, y aquí te digo dónde.

Por Antonio Gallego · Profesor de Primaria, Málaga

Es una situación clarísima y muy frecuente: el alumno entiende qué es multiplicar, sabe montar la cuenta, y si le das tiempo la saca bien. Pero tarda una eternidad. En un problema de tres pasos se queda atrás, en un examen no llega al final, y en las divisiones se atasca — porque una división es multiplicar y restar muchas veces, y si multiplicar ya le cuesta, la división se le hace un muro.

Lo primero es entender que aquí no hay un problema de comprensión. Hay un problema de fluidez. Y son cosas distintas que se trabajan de forma distinta.

Saber multiplicar no es tener las tablas automatizadas

Sabe multiplicar

Entiende que 7×8 es sumar siete ocho veces. Puede llegar al resultado. Pero lo calcula cada vez: cuenta, suma, tira de la tabla del 7 desde el principio, o mira al techo. Llega, pero por un camino largo.

Tiene la tabla automatizada

Ve 7×8 y dice 56 sin calcular nada, igual que lee la palabra «casa» sin deletrear. No es más listo: es que ese dato lo tiene guardado y lo recupera directo, sin pasar por el cálculo.

Tu alumno está en la primera columna y necesita llegar a la segunda. Y el puente entre las dos no es entender mejor —ya entiende— sino automatizar. La velocidad no viene de comprender más; viene de recuperar el dato de memoria en lugar de recalcularlo.

La lentitud al multiplicar casi nunca es un problema de las multiplicaciones. Es que las tablas todavía se están calculando en vez de recordando.

Antes de trabajar nada: ¿de dónde viene la lentitud?

Lento puede significar tres cosas muy distintas, y cada una se arregla por su lado. Localiza cuál es la de tu alumno antes de ponerte a trabajar, o perderás el tiempo.

1

Las tablas no están automatizadas

Es la causa en el 80% de los casos. Cada producto lo reconstruye: cuenta con los dedos, susurra la tabla desde el principio, o suma. El resultado es correcto pero cada uno le cuesta segundos.

Cómo detectarlo: pregúntale 6×7 suelto, sin contexto. Si tarda más de dos o tres segundos o le ves mover los labios contando, es esto.

2

El algoritmo escrito le pesa

Las tablas las tiene, pero se pierde en la multiplicación por dos cifras: dónde colocar, cuándo dejar el hueco, cómo llevarse. La lentitud está en la gestión de la cuenta larga, no en los productos.

Cómo detectarlo: las tablas sueltas las dice rápido, pero 34×27 en columna se le atasca. Ahí el problema es el procedimiento, no la tabla.

3

Es lento en todo, no solo aquí

Si además le cuesta la lectura, se salta líneas, confunde la posición de las cifras o se cansa muy rápido, la lentitud puede no ser de cálculo, sino algo más amplio que conviene mirar con calma.

Cómo detectarlo: compara con otras áreas. Si la lentitud es general y sostenida, habla con el equipo de orientación antes de insistir con más tablas.

El resto de este artículo va sobre la causa 1, que es la más común con diferencia. Si es la 2, lo que necesita es práctica del algoritmo con hueco para colocar las cifras; si es la 3, apoyo especializado. Pero si sabe las tablas «a trompicones», sigue leyendo.

No son todas las tablas: son doce productos

Aquí está la buena noticia, y la que te va a ahorrar semanas. Un alumno lento no falla las 100 combinaciones por igual. Las del 1, el 2, el 5 y el 10 las tiene casi todos. El problema se concentra en un puñado muy pequeño de productos, y si trabajas solo esos, avanzas diez veces más rápido que repasando la tabla entera.

Dónde se esconde la lentitud

La tabla completa, con las combinaciones que de verdad cuestan marcadas. Fíjate cómo se agrupan en una esquina.

×12345678910
112345678910
22468101214161820
336912151821242730
4481216202428323640
55101520253035404550
66121824303642485460
77142128354249566370
88162432404856647280
99182736455463728190
10102030405060708090100
Cuesta Las más difíciles

Todo se apiña en el cuadrante del 6, 7, 8 y 9. Y como 7×8 y 8×7 son lo mismo, en realidad hay que memorizar la mitad. La bestia negra de casi todos los niños es 6×7, 7×8 y 8×9. Empieza por esas tres.

Cuando un alumno «no se sabe las tablas», casi siempre se sabe el 90% y falla ese cuadrante. Trabajar ahí, y no la tabla del 3 que ya domina, es la diferencia entre arreglarlo en un mes o dar vueltas todo el curso.

La técnica que funciona: recuperar, no recalcular

Este es el punto donde la mayoría lo hacemos mal, con toda la buena intención. Cuando el alumno duda en 7×8, le decimos «va, cuenta la tabla del 7». Y con eso le estamos enseñando justo lo contrario de lo que necesita: le reforzamos el hábito de recalcular, cuando el objetivo es que recupere el dato directo.

El cambio de chip

Cómo debe practicar para ganar velocidad

Lo que le frena

Cantar la tabla entera del 7 hasta llegar al 56. Contar con los dedos. Sumar 7+7+7… Todo eso practica el rodeo, y cuanto más lo repite, más se le fija el camino largo.

Lo que le acelera

Preguntar el producto suelto y salteado —7×8, luego 6×9, luego 8×7— y esperar la respuesta directa. Recuperar el dato una y otra vez es lo que lo graba. Es práctica de recuperación, y es lo único que crea velocidad.

La regla práctica: nunca le dejes «cantar la tabla desde el principio» para llegar a un producto. Pregúntale el producto aislado. Si no lo sabe, dáselo tú al momento (56), y vuelve a preguntárselo un minuto después. Recuperarlo con esfuerzo, justo cuando casi se le escapa, es lo que lo fija.

Un plan de un mes que cabe en cinco minutos al día

Cinco minutos diarios · las combinaciones difíciles, salteadas
Semana 1

Solo tres productos: 6×7, 7×8 y 8×9, con sus gemelos. Preguntados salteados, a diario, hasta que salgan directos y sin dedos.

Semana 2

Sumas los del 6 y el 8 que faltan (6×8, 6×9, 7×9). Sigues repasando los tres de la semana 1 mezclados dentro, para que no se enfríen.

Semana 3

Todo el cuadrante difícil mezclado y salteado. Aquí ya no avisas de qué tabla toca: el salto entre tablas es lo que entrena la recuperación real.

Semana 4

Metes los productos dentro de multiplicaciones por dos cifras y divisiones. El objetivo era este: que la tabla automática libere cabeza para la cuenta larga.

Fíjate en dos cosas del plan. Empieza por poquísimo —tres productos— porque el éxito temprano es lo que mantiene al niño enganchado. Y siempre reintroduce lo anterior mezclado, porque un dato recién automatizado se enfría en días si no se vuelve a tocar. Práctica corta, diaria y salteada. Otra vez las mismas tres palabras de siempre, porque en cálculo siempre son esas.

Lo que NO hay que hacer

Volver a explicar qué es multiplicar. Ya lo sabe. Reexplicarlo le dice que el problema es de comprensión cuando es de práctica, y le hace perder el tiempo en lo que ya tiene.

Fichas de 100 multiplicaciones mezcladas. El 90% ya las sabe, así que se pasa el rato haciendo lo fácil y toca lo difícil de refilón. Mucho esfuerzo, poco donde importa. Mejor pocas y de las difíciles.

El concurso de velocidad delante de toda la clase. Al lento lo hunde: confirma en público que es el último. La velocidad se entrena en privado, contra su propio tiempo de la semana pasada, no contra el rápido de turno.

Prohibir los dedos con un grito. Los dedos son la muleta que usa porque el dato no está. Se quitan solos cuando el dato aparece. Quítale la muleta antes y solo consigues que se bloquee.

Cómo lo trabajo yo en clase

No monto nada especial. Mando cada tarde una tanda muy corta centrada en el cuadrante difícil, salteada, del nivel donde el alumno acierta casi todo, y miro no cuántas acierta sino cuánto tarda y en cuáles duda. Esos productos concretos donde titubea son los que repito al día siguiente. Es aburrido y es repetitivo, y por eso funciona: la automatización es, por definición, repetición.

Ese seguimiento fino —qué producto concreto le cuesta a cada alumno— es lo que hago con las tareas de cálculo online, porque me dejan mandar solo las tablas difíciles salteadas y ver dónde falla cada uno sin corregir nada a mano. Y para la práctica escrita diaria, tiro de un cuadernillo de multiplicaciones del nivel que toque.

La expectativa realista

Un alumno que sabe multiplicar pero va lento no necesita meses de reenseñanza: necesita cinco minutos diarios, un mes, centrados en la docena de productos que de verdad le cuestan. La comprensión ya está; solo falta grabar los datos. Y cuando esos datos salen solos, pasa algo que da gusto ver: el niño deja de atascarse en las divisiones, llega al final del examen, y por primera vez tiene cabeza libre para pensar en el problema en lugar de en las cuentas. Que era, todo el tiempo, el verdadero objetivo.

Trabaja solo las tablas que le frenan

Manda tandas cortas del cuadrante difícil, salteadas, del nivel exacto del alumno. Se corrigen solas y ves en qué producto concreto duda cada uno — no la nota, el fallo. Cinco minutos al día, sin preparar ni corregir nada.

Ver las tareas de cálculo →

¿Prefieres el papel? Mira los cuadernillos de multiplicaciones.

AG
Antonio Gallego — Profesor de Educación Primaria en Málaga y fundador de Calculalo.app. Cada curso rescata a un par de «sé multiplicar pero voy lento».

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